Un montaje de calle que combina música, malabares, teatro de objetos y clown. A través de la «política de la avestruz», muestra el contraste entre el alivio de desconectarse y la culpa de ignorar la realidad. Con una escenografía minimalista, la historia gira en torno a los cuerpos, cubos, pelotas y una guitarra multifuncional. Los cubos y las pelotas simbolizan máscaras, problemas y equilibrios de la vida adulta.